viernes, 24 de julio de 2015


CONVIVIENDO CON EL ESTRÉS


¡Buenas tardes neuromaníacos!

En este nuevo post nos enfrentamos a la paradoja del estrés. ¿Qué es el estrés? es la respuesta fisiológica, psicológica y conductual de un individuo que intenta adaptarse y ajustarse a presiones internas y externas. 

La reacción del estrés y sus consecuencias afectan al cerebro y a la totalidad de las funciones orgánicas. Sus efectos se hacen notar en el sistema nervioso, la piel, el sistema inmunológico, el aparato digestivo, el sistema cardiovascular, etc…

La respuesta de adaptación general al estrés, pasa por varias etapas básicas: cuando estamos sometidos a una presión, es el estado de vigilancia; si se prolonga el estrés por un período suficiente, el organismo se habitúa a él, es la etapa de adaptación; como la energía de adaptación es limitada, si continuamos con el estrés, el organismo entra en fase de agotamiento.

Día a día, en la sociedad hay múltiples factores por los que nos sentimos amenazados, desencadenando la respuesta de estrés, son: discusiones con la pareja o jefe, pagos pendientes, espera en largas colas, cambio de hora, insomnio, tráfico, ansiedad, tabaco, etc. Es más, siempre que interactuamos con otras personas y con el entorno, se genera una cierta cantidad de estrés.

Personalmente he de decir que mi estresor más potente es el tráfico. Yo, como conductora habitual de hace muchos años, el tráfico se convierte en una fuente cotidiana y reiterada de estrés. Los atascos de tráfico, las luces, los ruidos y la contaminación excitan mi sistema nervioso y me producen estrés. Si se añado a esto, los malos conductores, la falta de tiempo, la actitud impaciente y sobre todo la sensación de impotencia, se obtiene mayor estrés, agravado por mi posición sedentaria al conducir. Eso a lo largo del día es agotador y con el paso de los años pasa factura.

"Las cosas rara vez son buenas o malas en sí mismas;
es nuestra mente la que las hace así"             Shakespeare

El estrés es algo subjetivo y personal. El modo en que percibimos un suceso depende de cómo lo valoramos nosotros mismos. Los sucesos felices, como ganar un premio en la lotería, volver a encontrarse con una persona querida después de un largo tiempo, también producen estrés. Sin embargo, el estrés se manifiesta sobre todo por los sucesos negativos, dolorosos y desagradables de nuestras vidas.

La misma situación puede ser percibida de manera totalmente distinta por dos personas diferentes, es decir, yo puedo percibirla como un desafío, mientras que mi amiga como una amenaza para la vida. Además, en momentos diferentes no percibimos igual los mismos sucesos y reaccionamos a ellos de forma distinta, según el estado anímico y físico en que nos encontremos.

De todas formas, además de resultar imposible, no sería deseable en absoluto eliminar el estrés por completo.  Considero que un cierto grado de estrés es esencial para nuestra salud y rendimiento, ya que, sin el impulso que proporciona el estrés, no seriamos capaces de conseguir nada. Fisiológicamente, la total ausencia de estrés equivale a la muerte. Por ello, debemos intentar disfrutar acerca de los medios que pueden ayudarnos a vivir con un nivel de estrés óptimo. 

El hemisferio izquierdo del cerebro es responsable principalmente de las actividades racionales, secuenciales, verbales y lógicas, mientras que el hemisferio derecho controla sobre todo las actividades que tienen que ver con las emociones, sentimientos, intuición y creatividad. A día de hoy, el entorno laboral es de tal manera, que empleamos el hemisferio cerebral izquierdo y tendemos a olvidar las maravillas de que es capaz el derecho.

Concluyendo, propongo como tarea diaria, tomarnos tiempo en practicar actividades propias del hemisferio cerebral derecho, contribuyendo así a mantener el equilibrio y hacer la vida más agradable.

Es más, soy partidaria de practicar la imaginación positiva, acentuando el pronóstico optimista de los acontecimientos, en vez de remarcar el pesimista.                

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