viernes, 24 de julio de 2015


ME DUELE POR TODAS PARTES: DEL DOLOR A LOS DOLORES



¡Buenas tardes neuromaníacos!

Vamos a comenzar hablando de ese mal común y a la vez tan desagradable que todos hemos sufrido alguna vez en nuestras vidas en mayor o menor medida, el dolor. Es el motivo de consulta más frecuente en la práctica sanitaria general. Además, ocurre en todas las edades. La aparición de un dolor preocupa bastante por ese agobio que se siente a todo lo referido a nuestro cuerpo, ante lo que surgen miedos de tipo hipocondríaco.

Para entenderlo mejor, voy a sumergirme en el tema explicándolo brevemente desde nuestro interior, así, los nociceptores son receptores que captan el dolor u otras sensaciones desagradables transmitiéndolas a las neuronas sensitivas de los nervios periféricos. Los nociceptores se encuentran en muchos tejidos corporales (piel, vísceras, vasos sanguíneos, músculos, tejido conectivo, meninges) y transmiten la información a través de fibras nerviosas.

Técnicamente el dolor es una experiencia emocional y, por lo tanto, subjetiva y sensorial, generalmente esta experiencia es desagradable y lo experimentan todas las personas.

El grado del dolor, depende de la sensibilidad y de los componentes emocionales de cada persona. Así hay personas que soportan grandes dolores, por ejemplo las sometidas a torturas y otras que hacen un gran drama doloroso y de queja por un pequeño pinchazo en la pulpa del dedo de la mano. 

Los seres humanos, somos capaces de discriminar y de experimentar multitud de sensaciones distintas; mientras que unas son placenteras otras son desagradables. Ahora está de moda el título erótico de la trilogía de E. L. James, Cincuenta Sombras de Grey. Es por esta razón que algunas sensaciones no placenteras y especialmente el dolor como tal, han salido a la luz y se han convertido en protagonistas de muchas conversaciones cotidianas.




También, el dolor está muy presente en mi medio laboral. Ahora, para que lo entendáis, os pondré en antecedentes, así entenderéis de lo que hablo desde mi propia experiencia: Llevo 13 años desempeñando mi trabajo como Técnico de Emergencias Sanitarias. Presto mis servicios en una ambulancia asistencial de urgencias y cubro turnos de 12 horas. A diario trato con personas que padecen diversas dolencias y empatizo con todos ellos, intentando amainarles el dolor, haciéndoles el traslado al centro sanitario de destino en las mejores condiciones posibles.

Desde mi perspectiva asistencial en las urgencias, es importante realizar a los pacientes un buen estudio de signos y síntomas, junto con las características del dolor para que nos orienten acerca de su origen y, por lo tanto, nos conduzca hacia su diagnóstico, gravedad o pronóstico y tratamiento. Estas características son: localización y posible irradiación, tipo, duración, frecuencia, intensidad, posibles signos y síntomas acompañantes, etc. En base a esto, se establece una posible orientación clínica y se puede realizar un primer diagnóstico.

Existen varios factores tanto psicológicos y físicos como medioambientales que pueden influir en la alteración de la percepción del dolor, como: ciertos lugares (ej: ruidosos, iluminación intensa), experiencias desagradables (ej: recuerdo de escenas de violencia), que tienden a agravar algunos dolores (ej: cefaleas).

Como consecuencia del dolor aparece el sufrimiento que es inevitable. Es la respuesta psicológica interna que produce la sensación y la percepción del dolor, que puede llegar a una agitación o a un abatimiento. Es un tipo de respuesta que afecta a la mímica de la persona que sufre, un gesto facial y corporal que delata la existencia del dolor. 

Es decir, la expresión, intensidad y duración de este sufrimiento va a estar muy dependiente de los rasgos de personalidad de la persona, así como de sus vivencias, tipo de relaciones afectivas y de los niveles de estrés a los que se siente sometido.

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